COSAS DE GELY
LA IDEALIZACIÓN MÁS ALLÁ DE LO RAZONABLE Y DEL SENTIDO COMÚN
En
mi entrada anterior hablé de idealización, de cómo idealizábamos
profesiones como por ejemplo la de cantantes y futbolistas, siendo estas
a mi criterio (y sin ánimo de ofender a nadie) profesiones sin las que
perfectamente se podría vivir. Quiero expresar una reflexión que nace de
una preocupación sincera y profunda.
No estoy en contra de los futbolistas, cantantes o personas que triunfan en profesiones relacionadas con el espectáculo. Ellos trabajan, se esfuerzan y no tienen la culpa de que gran parte de la sociedad los convierta en referentes casi absolutos o los idealice más allá de lo razonable.
Mi preocupación va por otro camino.
Mientras admiramos a quienes nos entretienen, parece que cada vez miramos menos a quienes sostienen nuestra vida cotidiana. Hablo de los agricultores que trabajan la tierra para que nunca falte alimento en nuestras mesas. Hablo de los médicos que dedican su vida a cuidar nuestra salud y a luchar contra el sufrimiento humano. Hablo de los profesores que educan, orientan y preparan a las generaciones que construirán el futuro.
Son tres profesiones esenciales. Sin agricultores no hay alimentos. Sin médicos no hay salud. Sin profesores no hay educación ni progreso. Sin embargo, da la sensación de que se han vuelto casi invisibles para una parte de la sociedad.
A menudo escuchamos hablar de contratos millonarios, récords deportivos o éxitos musicales, mientras quienes desempeñan estas labores fundamentales afrontan dificultades crecientes, falta de reconocimiento y problemas que muchas veces se ven agravados por decisiones políticas que parecen olvidar la importancia de su trabajo.
Me preocupa que estemos llegando a un punto en el que quienes hacen posible nuestra alimentación, nuestra salud y nuestra educación reciban menos atención que quienes llenan estadios o encabezan listas de éxitos. No porque unos merezcan menos respeto, sino porque otros merecen mucho más del que reciben.
No estoy en contra de los futbolistas, cantantes o personas que triunfan en profesiones relacionadas con el espectáculo. Ellos trabajan, se esfuerzan y no tienen la culpa de que gran parte de la sociedad los convierta en referentes casi absolutos o los idealice más allá de lo razonable.
Mi preocupación va por otro camino.
Mientras admiramos a quienes nos entretienen, parece que cada vez miramos menos a quienes sostienen nuestra vida cotidiana. Hablo de los agricultores que trabajan la tierra para que nunca falte alimento en nuestras mesas. Hablo de los médicos que dedican su vida a cuidar nuestra salud y a luchar contra el sufrimiento humano. Hablo de los profesores que educan, orientan y preparan a las generaciones que construirán el futuro.
Son tres profesiones esenciales. Sin agricultores no hay alimentos. Sin médicos no hay salud. Sin profesores no hay educación ni progreso. Sin embargo, da la sensación de que se han vuelto casi invisibles para una parte de la sociedad.
A menudo escuchamos hablar de contratos millonarios, récords deportivos o éxitos musicales, mientras quienes desempeñan estas labores fundamentales afrontan dificultades crecientes, falta de reconocimiento y problemas que muchas veces se ven agravados por decisiones políticas que parecen olvidar la importancia de su trabajo.
Me preocupa que estemos llegando a un punto en el que quienes hacen posible nuestra alimentación, nuestra salud y nuestra educación reciban menos atención que quienes llenan estadios o encabezan listas de éxitos. No porque unos merezcan menos respeto, sino porque otros merecen mucho más del que reciben.
No
pretendo ofender a nadie ni enfrentar unas profesiones con otras. Solo
quiero recordar algo que considero importante: una sociedad fuerte no se
sostiene únicamente sobre aquello que la entretiene, sino sobre quienes
la alimentan, la cuidan y la educan cada día.
Ojalá nunca olvidemos que detrás de cada comida, de cada cura y de cada aprendizaje hay personas que merecen ser vistas, escuchadas, respetadas y apoyadas. Porque cuando una sociedad convierte en invisibles a quienes la sostienen, corre el riesgo de olvidar cuáles son realmente sus pilares más importantes.
Ojalá nunca olvidemos que detrás de cada comida, de cada cura y de cada aprendizaje hay personas que merecen ser vistas, escuchadas, respetadas y apoyadas. Porque cuando una sociedad convierte en invisibles a quienes la sostienen, corre el riesgo de olvidar cuáles son realmente sus pilares más importantes.
En el próximo post hablaremos más extensamente de este tema.

