COSAS DE GELY
Todo está a nuestra vista o dentro de nuestro corazón; lo único que necesitamos es aprender a observar. Al observar, surge la claridad porque te vuelves más delicado, más concentrado, más enfocado. Sé sabio y observa, no hables, sólo observa y aprende.
En el budismo, la creación del universo y de la humanidad no se entiende como un acto de un dios supremo, sino como parte de un ciclo eterno de nacimiento, transformación y muerte, conocido como samsara. Según los sutras y los textos cosmológicos, el universo no tiene un principio absoluto ni un fin definitivo; en lugar de ello, se expande, colapsa y se renueva en un flujo incesante.
Se dice que los mundos y las civilizaciones surgen debido a la acumulación de causas y condiciones, reflejando la interdependencia de todos los fenómenos. El universo se compara a menudo con un organismo vivo, que nace, crece, se deteriora y renace nuevamente, en un ciclo continuo.
En cuanto a la humanidad, el Buda expresó en algunos textos que los primeros seres aparecieron en un estado de pureza luminosa, alimentándose de placer y viviendo sin la necesidad de cuerpos físicos como los conocemos hoy. Con el tiempo, el deseo y el apego comenzaron a manifestarse, lo que llevó a la evolución de formas físicas más densas y la separación de los seres en géneros, marcando el inicio de la vida como la entendemos actualmente.
En lugar de enfocarse en un origen específico, el budismo invita a reflexionar sobre el sufrimiento inherente de este ciclo y enseña que es posible liberarse de él alcanzando el nirvana, un estado de liberación más allá de la existencia cíclica.
La visión budista sobre la creación del universo se diferencia notablemente de otras filosofías y religiones en varios aspectos clave:
Ausencia de un creador divino: A diferencia de religiones teístas como el cristianismo, el islam o el hinduismo, el budismo no postula la existencia de un dios creador que origine el universo. En cambio, concibe el cosmos como parte de un ciclo eterno e incesante de nacimiento, muerte y renacimiento, conocido como samsara.
Enfoque en causas y condiciones: El budismo enfatiza la interdependencia de todos los fenómenos. Según su perspectiva, el universo no surge de un acto único, sino de una red compleja de causas y condiciones. Esto contrasta con filosofías que buscan un momento inicial absoluto o un propósito final en la creación.
Cosmos cíclico: Mientras que muchas tradiciones filosóficas o religiosas describen el universo como algo con un principio y un fin definidos, el budismo lo ve como un proceso cíclico y sin principio ni fin definitivo. La formación y disolución de los mundos ocurre de manera natural y continua.
Enseñanza pragmática: El Buda, en varios sutras, evitó dar explicaciones definitivas sobre el origen del universo, considerando que tales cuestiones no contribuyen directamente a la liberación del sufrimiento. En lugar de enfocarse en respuestas metafísicas, las enseñanzas budistas se centran en el presente y en cómo superar el sufrimiento inherente a la existencia.
Perspectiva no antropocéntrica: A diferencia de filosofías que sitúan a la humanidad como el centro o propósito de la creación, el budismo percibe a los seres humanos como parte de una vasta red de existencia interconectada, sin privilegios especiales.
En resumen, la cosmología budista es menos una explicación literal del universo y más una invitación a reflexionar sobre la naturaleza del sufrimiento, el apego y la impermanencia.