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sábado, junio 06, 2026

JESÚS Y LA IGLESIA CATÓLICA - UNA DISTANCIA IMPOSIBLE DE IGNORAR

COSAS DE GELY  

JESÚS Y LA IGLESIA CATÓLICA - UNA DISTANCIA IMPOSIBLE DE IGNORAR

Jesús y la Iglesia: una distancia imposible de ignorar

Cuanto más leo sobre la historia, el poder y las finanzas de la Iglesia católica, más difícil me resulta comprender cómo sigue asociándose sin reservas el nombre de Jesús de Nazaret a esta institución.

Jesús fue un hombre que habló de compasión, de humildad y de justicia. Caminó entre los pobres. Compartió mesa con quienes eran despreciados por la sociedad. Rechazó el poder, denunció la hipocresía religiosa y advirtió sobre los peligros de la riqueza. No fundó bancos. No acumuló propiedades. No levantó palacios. No buscó privilegios.

Sin embargo, dos mil años después, la institución que afirma ser su heredera parece, en demasiadas ocasiones, representar precisamente aquello contra lo que él se rebeló.

LAS FINANZAS DEL VATICANO

Resulta imposible no percibir una contradicción profunda entre el mensaje del Evangelio y la realidad de una organización que ha acumulado durante siglos enormes riquezas, influencia política y privilegios económicos. Mientras millones de creyentes han vivido con dificultades, la Iglesia ha conservado un patrimonio inmenso y una estructura de poder que poco tiene que ver con la sencillez de aquel carpintero de Galilea.

Pero la riqueza no es lo que más hiere.

Lo que más hiere es la distancia entre las palabras y los hechos.

PEDERASTIA EN LA IGLESIA CATÓLICA

Durante décadas, salieron a la luz casos de abusos sexuales cometidos por miembros del clero. Historias de niños y niñas cuya confianza fue destruida. Historias de sufrimiento, silencio y vergüenza. Y junto a esos crímenes apareció otra realidad igualmente perturbadora: la tendencia de la institución a protegerse a sí misma antes que a las víctimas. No en todos los casos. No en todos los lugares. Pero sí con una frecuencia suficiente para provocar una crisis moral de dimensiones históricas.

Cuando una institución que predica la verdad teme a la verdad, algo se ha roto.

Cuando una institución que predica la justicia retrasa la justicia, algo se ha roto.

Cuando una institución que dice representar el amor al prójimo falla precisamente a los más vulnerables, algo se ha roto.

Y quizá lo más doloroso sea comprobar que, pese a los escándalos, las disculpas y las reformas anunciadas, persiste una sensación de que la supervivencia de la estructura sigue siendo prioritaria frente a una revisión profunda de sus contradicciones.

RIQUEZAS DE LA IGLESIA CATÓLICA

Jesús dijo: «Por sus frutos los conoceréis».

No dijo: por sus templos.

No dijo: por sus vestiduras.

No dijo: por sus ceremonias.

No dijo: por sus tesoros.

Dijo: por sus frutos.

Y cuando se observa la historia de la Iglesia, junto a páginas admirables de ayuda, educación y asistencia a los necesitados, aparecen también capítulos de poder, riqueza, intolerancia, silencios culpables y escándalos que contradicen frontalmente el mensaje evangélico.

Por eso cada vez son más las personas que distinguen entre Jesús y la institución que afirma representarlo. Entre el predicador que hablaba de misericordia y una organización que, en demasiadas ocasiones, ha parecido más preocupada por preservar su autoridad que por practicar aquello que enseña.

Quizá la pregunta no sea si Jesús pertenece a la Iglesia.

Quizá la pregunta sea si la Iglesia ha permanecido fiel a Jesús.

Y para responderla no hacen falta dogmas ni teologías complejas. Basta con volver a la sencilla regla que él mismo dejó: mirar los frutos.

Porque ninguna institución debería reclamar la autoridad moral de Jesús de Nazaret mientras sus actos continúen contradiciendo, una y otra vez, las palabras que pronuncia en su nombre.