sábado, abril 04, 2026

ARTEMIS II EN DIRECTO - MAS ALLA DEL MUNDO EN EL QUE VIVO

COSAS DE GELY 

 

ARTEMIS II EN DIRECTO NASA  (Transmisión oficial)

Tras despegar con éxito el jueves, la misión Artemis II continúa rumbo hacia la cara oculta de la Luna. 

ARTEMIS II - MAS ALLA DEL MUNDO EN EL QUE VIVO

A veces siento que vivo suspendida en un rincón diminuto de algo que no tiene borde. Cuando alzo la mirada en una noche despejada y contemplo esa pequeña porción del cielo que se deja ver, no puedo evitar estremecerme. Sé que lo que mis ojos alcanzan es apenas un fragmento insignificante de una inmensidad que escapa a cualquier comprensión humana, y, aun así, en lugar de sentir vértigo, siento paz. Una paz profunda, casi inexplicable, como si ese silencio cósmico me recordara que todo lo que me inquieta aquí abajo es, en el fondo, pasajero.

Me impresiona pensar que formo parte de ese universo infinito y desconocido. Que los mismos átomos que componen mi cuerpo nacieron en el corazón de estrellas que ya ni siquiera existen. Que, de alguna forma, soy materia que ha aprendido a observarse a sí misma. Y en esa idea encuentro algo parecido a la esperanza. Porque si hemos llegado hasta aquí, si hemos sido capaces de preguntarnos qué hay más allá de ese cielo que nos cubre, entonces también somos capaces de seguir avanzando, de conocer más, de explorar lo que hoy solo podemos imaginar.

Pienso en ello cuando recuerdo la misión Artemis II, ese intento real y tangible de la humanidad por volver a mirar más lejos, por salir de nuevo del abrazo inmediato de la Tierra y rodear la Luna con seres humanos a bordo. No se trata solo de repetir lo que ya se hizo en el pasado, sino de dar un paso intermedio necesario hacia algo mucho más ambicioso: establecer una presencia sostenida fuera de nuestro planeta, aprender a vivir y trabajar en entornos hostiles, preparar el camino para futuras misiones a Marte y, en definitiva, dejar de ser una especie confinada a un único mundo. Artemis II no es únicamente un viaje alrededor de la Luna; es una prueba de nuestras capacidades, de nuestros sistemas, de nuestra cooperación. Es, en cierto modo, una promesa de futuro, una señal de que no hemos renunciado a explorar.

Y, sin embargo, cada vez que bajo la mirada de ese cielo que me serena, me encuentro con una realidad que me cuesta aceptar. Me resulta difícil comprender cómo, mientras el universo se abre ante nosotros como una invitación constante al asombro y al conocimiento, aquí, en este pequeño punto azul, seguimos empeñados en destruirnos. Veo cómo quienes tienen en sus manos la responsabilidad de proteger este planeta, de cuidarlo, de preservar la vida que este tiene, utilizan su poder para crear conflictos, para iniciar guerras que, desde la escala del cosmos, resultan absurdas, pero que aquí se traducen en sufrimiento real, en vidas arrancadas, en futuros que desaparecen antes de empezar. Supongo que os habréis dado cuenta de a quien me estoy refiriendo, si, exactamente esos, a los Trump, a los Netanyahu y a todos los Putin y mamarrachos como ellos que, no saben vivir sin estar martirizando continuamente a sus semejantes.  

No logro reconciliar ambas cosas. No entiendo cómo podemos ser la especie que diseña misiones como Artemis II, capaz de planificar trayectorias alrededor de la Luna con una precisión extraordinaria, y al mismo tiempo ser incapaces de convivir en paz en el único hogar que tenemos. Es una contradicción que me pesa. Porque sé que tenemos el potencial para mucho más. Sé que esa misma inteligencia que nos impulsa a explorar el espacio podría servirnos para construir un mundo más justo, más consciente, más humano.
 
Aun así, no pierdo del todo la esperanza. Quizá porque cada vez que vuelvo a mirar al cielo y siento esa calma, entiendo que todavía hay algo en nosotros que merece la pena. Algo que no se rinde, que sigue preguntándose, que sigue soñando. Tal vez el camino hacia las estrellas no sea solo tecnológico, sino también moral. Tal vez, para llegar realmente lejos, primero tengamos que aprender a estar a la altura de nuestro propio mundo.

Y mientras tanto, sigo aquí, observando esa pequeña porción del universo que se deja ver, dejando que me envuelva su silencio, recordándome que formo parte de algo inmenso… y que, pese a todo, todavía estamos a tiempo de decidir qué hacemos con ello.








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