jueves, 31 de mayo de 2018

NO SOMOS IGUALES


COSAS DE GELY

http://cosasdegely.blogspot.com/




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Hola amigos, no les parece una aberración el multiculturalismo…

Resulta paradójico ver como nuestras autoridades se esmeran y le dan gran importancia a la preservación de las plantas y animales en peligro de extinción. Pero que poco le importa la extinción de las diversas razas humanas.

Los monos son primates clasificados según la jerga científica en los Platirrinos o monos del nuevo mundo y los Cercopitecoideos o monos del viejo mundo. No entran en esta lista los hominoides, que serían los primates que no tienen cola, en donde entra el hombre.

Animales como el orangután, el chimpancés, el gorila o los gibones tampoco entran en la clasificación científica de monos, ya que estos últimos además de tener cola, tienen un esqueleto más primitivo y son animales pequeños.

En el mercado podemos ver una gran variedad de tipos de frutas y vegetales de muy diversos aspectos por ejemplo las manzanas: La manzana es una de las frutas más populares del mundo. La concepción de las variedades de esta fruta todavía se limita a rojas, verdes y amarillas pese a que se calcula que existen más de 7.500 tipos de manzanas y que se tardaría unos 20 años en poder degustarlas todas.

¿Por qué los monos y las manzanas pueden ser científica y “culturalmente” distintos y el ser humano que ha contribuido para preservar sus distintas características no?, alguien se ha empeñado en que las razas tengamos que mezclarnos y ser multiculturales ¿No les parece una barbaridad dar más importancia a preservar las distintas razas de perros, monos frutas, etc… que preservar a las distintas culturas y razas humanas?

Ante tal aberración lo primero que quiero decir y esta va a ser mi intención con respecto a este post que resumiré en una sola frase: NO SOMOS IGUALES. Y nuestras culturas tampoco.

Y espero que nunca lo seamos, ¿no es fantástico? Cada uno hemos nacido con una genética única, inigualable, con un potencial enorme, tanto para el bien como para el mal. Pero, ¿qué es el bien y qué es el mal?

En términos generales, el bien y el mal son unas concepciones culturales que viene a establecer ciertas normas y convenciones sociales. Quiero decir que eso que tú crees es solo eso, lo que tú crees, y que no es aplicable al conjunto completo de la humanidad. Es decir, que lo que para ti está bien para otro en su cultura está mal y viceversa.

Sin embargo, lo que toda la humanidad tenemos en común es justo eso, nuestra condición de humanos y, no sé si más o menos importante, nuestra condición animal. Todos somos guiados por unas reglas más o menos comunes que establecen nuestros genes. Después, tratamos de modificarlos con ciertas normas sociales que vienen a formar, en última instancia, la cultura de un lugar geográfico.

Es por esto que no podemos considerar cómo debería funcionar el mundo limitándonos a lo que nosotros creemos que está bien o mal, sino escuchando lo que nuestros genes nos cuentan primero, y después, creando teorías sobre eso.

¿Por qué? Porque de la cultura puedes escapar y es relativamente fácil de modificar, pero de tu condición humana no. Así que no tiene mucho sentido tratar de luchar a contra corriente contra algo con lo que no vas a ganar.

Pero, pero volvamos al principio. La sociedad actual o mejor dicho algunos representantes de gobiernos europeos, como Merkel y compañía, están tratando de modificar la cultura con el concepto de que todos tenemos que ser iguales y permitiendo grandes avalanchas de gente que ni genética ni culturalmente tiene nada que ver con nosotros, esto ocurre porque su torpeza no tiene límites, y son incapaces de ver que cada pueblo tiene algo especial que debe ser preservado y respetado.
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Piensa la cantidad de casualidades que han tenido que darse para que tú y yo estemos aquí. Me di cuenta de ello leyendo en casa de una de mis nueras un libro de prehistoria antiquísimo, y desde entonces, no he parado de indagar durante meses. Empezando por la formación del planeta, la continua línea evolutiva que da lugar a algo que llamamos humanos y terminando porque hayan sido tus padres, los hijos de tus abuelos y no otros padres ni otros abuelos los que acabaron tomando la decisión de que vinieras a este mundo.
Y continuando con todo aquello que va marcando nuestras vidas, desde que nacemos y como hemos sido educados conforme a los valores de una cultura que ha ido forjándose durante siglos y que hoy unos cuantos desaprensivos quieren que olvidemos mezclándonos con otras. Si a eso le añades algo de razonamiento lógico, aparece un personaje anteriormente inexistente que eres tú. Tú con todas las improbabilidades que han tenido lugar para que te conformes tal y como eres.

¿Y los progres defensores del multiculturalismo pretendiendo convencerte de que todos somos iguales?

No si me estoy explicando con claridad así que, tratare de hacerlo mejor, mi objetivo es explicar porque nuestras diferencias han de ser respetadas.

Que nadie se espante, el racismo tiene una base biológica.

Sí, ya podéis lanzaros a mí yugular. Pero es un hecho. Somos racistas por naturaleza. Y tu progre, que te has convertido en guardián y defensor de multiculturalismo, tú también eres un racista.

Parece difícil, pero retrocedamos en el tiempo al lugar en el que nos desarrollamos, la Prehistoria, y comprendamos qué es lo que ocurría allí.

La vida en esos tiempos no era, ni por asomo, sencilla. Las relaciones sociales eran fundamentales para la supervivencia y ciertas actitudes eran más adaptativas que otras. Entre esas, estaba la del odio o al menos el miedo a lo desconocido.

Imagínate por un momento, a ti en aquella época negro, con un taparrabos y un palo al hombro en la puerta de tu cueva, cuando de pronto, aparece un blanco. ¿De veras crees que le invitarías a charlar y tomar unas bayas?

De ningún modo. Tu cerebro se encargaría de poner en marcha uno de estos dos mecanismos: ataque o huida. No podemos saber si os pondríais o no a dialogar, pero sabemos que ese encuentro no terminaría bien para alguno de los participantes.

Lo que quiero decir con esta historia es que esa protección de lo propio, esa actitud defensiva frente a lo desconocido es algo que ocurría con naturalidad y que, quien la adoptaba, tenía más posibilidades de sobrevivir y por tanto de reproducirse.

Esto seguramente no ocurriese solo con las razas, sino con cualquier desconocido. La diferencia es que si a un negro se le acerca otro negro sabe que es ‘de los suyos’ y que, aunque sabe que no pertenece a su tribu y que por ello debe mantenerse alerta, hay más posibilidades de que compartan intereses los dos negros, que el negro y el blanco. Eso significa menor peligro y mayor facilidad de unión.

Parece un pensamiento complicado, pero vayamos a la vida social actual y común. Cuando tenías 14 años y un grupo de amigos formado, entablar relaciones profundas con ellos era mucho más fácil que entablarlas con los de la clase de al lado. Esto se acentuaba cuando las diferencias eran mayores, por ejemplo, con los que tenían cinco años más que tú o, si nos vamos a los extremos, con las personas de la edad de tus padres o tus abuelos.

¿Y por qué? Porque no te fiabas de ellos. No confiabas en alguien tan lejano a ti porque para ti ese mundo era desconocido. Lo mismo que el mundo del blanco para un negro y viceversa.

¿Quiere decir esto que tiene sentido para los que vivían en la Edad Media y su cultura ser racistas? Sí, pues no conocían más allá de su pueblo y un extraño suponía una amenaza.

¿Quiere decir esto que tiene sentido para nosotros ser racistas? No, porque no es que conozcamos el mundo de los extraños, sino que conviven con nosotros en el mismo país. Los vemos en las calles, llevando vidas como las de cualquier otro e, incluso, formando parte de nuestro grupo de amigos. Actualmente, tener miedo u odiar a un negro o a un chino no se diferenciaría mucho a odiar o tener miedo a una persona mayor cuando tienes 14 años. Es decir, no sería otra cosa sino un acto infantil y una persona infantilizada a la que se le deben explicar los asuntos de mayores como a un niño, con frases del tipo: “No hay que ser racista, todos somos iguales”

No, perdona, no somos puto iguales, ni siquiera genéticamente. Pero tú qué piensas que sí lo eres, lo que eres es un gilipollas.

Ahora hablemos de los neandertales. ¿Qué pasó con ellos? Seguramente en el colegio escuchaste que sapiens y neandertales convivieron pero que, por un motivo o por otro, los neandertales terminaron extinguiéndose.

Esa teoría que estudiaste explica que estaban ya muy diferenciados y que, por tanto, tenían costumbres, olores, hábitos… tan diferentes que no existía atracción sexual entre ellos y que, por tanto, no se mezclaron ni reprodujeron.

Después, te habrán contado que los neandertales se extinguieron o bien porque los sapiens fueron acaparando sus recursos, aislándolos hasta la muerte o bien porque simplemente se mataban entre ellos y los sapiens acabaron con todos.

Esto suena divino y muy políticamente correcto, pues indicaría que todos nosotros somos descendientes directos de una especie denominada Homo sapiens y, por tanto, todos somos genéticamente iguales, con diferencias simplonas en el aspecto físico, del mismo modo que las hay entre los que tienen ojos azules u ojos marrones.

Pero, pensando, una se da cuenta que, por ejemplo, los negros nos ganan a los blancos en carrera o que nuestro olor corporal no es el mismo que el suyo. Es entonces cuando pongo en duda lo que me cuentan los progres multiculturalistas. Cuando hablan suena todo muy bonito buenista y encantador, pero las cosas cuando se tratan de la vida, no suelen ser tan sencillas.

Así que como dije anteriormente, me puse a investigar sobre el Sapiens y encontré un libro que se titula, precisamente, Sapiens que cuenta el origen del ser humano y su evolución a lo largo de la historia.


El resultado fue el descubrimiento de una nueva teoría con respecto a los sapiens y los neandertales que no suena tan guay y que es irrevocable. Porque es ciencia. Y a la ciencia solo se la discute con más ciencia.

Recientes pruebas de ADN han demostrado que los europeos actuales tenemos entre un 1 y un 4% de ADN neandertal, del mismo modo que un 6% del ADN de los australianos es ADN denisovano (una especie con la que convivió el sapiens en esa zona).

Y, ¿qué quiere decir esto?

No somos sapiens puros. Ninguno lo somos. El sapiens fue una especie que existió y que, tras fusionarse con otras, desapareció. Existen diferencias genéticas entre las diferentes razas.

Pero, ¿por qué esto no se cuenta? Porque daría pie a muchas teorías racistas y por algún motivo eso no interesa.

Entonces, ahora llegamos al punto en el que nos damos cuenta de que la atracción entre extraños es posible, aunque poco probable (el porcentaje es muy pequeño) y que, aun con esas, los exterminamos.

Aún no se saben las causas exactas por las que decidimos que, en general, no eran aptos para convivir con nosotros, pero sí puede dirigir nuestra visión hacia una pregunta: ¿somos tan especiales como nos creemos?

Cada uno de nosotros nos creemos el ombligo del mundo en algunas situaciones, invencibles, poco convencionales, superiores al resto de las especies del planeta. ¿O acaso no eres tú el que arranca el césped de la piscina por puro placer? Ah, no, que es tu amigo el que arranca las margaritas para jugar al me quiere no me quiere.

No os culpo, yo recuerdo como les cortaba el rabo a las lagartijas cuando vivía en Granada y apenas tenía ocho años, porque me dijeron que les volvía a crecer.

Que nadie se llame a engaño somos superiores al resto de las especies, es más, nos las comemos. Y lo hacemos porque podemos.
Donde quiero llegar es que nuestra sensación de superioridad fue tal vez la que el neandertal amenazaba. Es decir, tal vez eran demasiado diferentes como para tolerarlos, pero a la vez demasiado iguales como para ignorarlos.

Nos cuesta mucho hacernos a la idea de que ellos los neandertales eran también humanos. Eran humanos, como tú y como yo. Es decir, eran aspirantes al puesto que actualmente ocupamos. ¿Te imaginas la vida con otra especie de humanos igual que la tuya cubriendo la faz de la tierra? Ningún acontecimiento histórico se hubiera dado como lo ha hecho.

Sinceramente, yo no soy capaz de concebirlo, así que no sé cómo hacerlo para que podáis meteros en la situación.

No soy capaz de imaginar que otro ser humano, de una especie distinta a la mía, pudiera arrebatarme el puesto de superioridad sobre el resto de especies del planeta que habitamos.

Así que, ¿matamos o aislamos a los neandertales por miedo a que nos arrebataran ese puesto? Es obvio que eso no se puede demostrar, pero razonando mis palabras con un toque de humildad, he de decir que somos tan miserables como para acabar con el curso de la vida por nuestro egoísmo. Sin embargo, el curso de la vida es uno que funciona basándose en el egoísmo, así que, ¿cómo puede un curso de la vida ser más natural que de esta manera?

Ahora hablemos del multiculturalismo y la mezcla de costumbres en las diferentes culturas

No tiene ningún sentido tolerar en, por ejemplo, España, la cultura de musulmanes u otras.

Del mismo modo, no tiene ningún sentido que a mí se me permita circular sin velo en Arabia Saudí o a un cristiano construir una Iglesia allí.
Podéis llamarme intolerante, pero lo que intento precisamente es hacer una llamada a la tolerancia.

A la tolerancia hacia la cultura, hacia cada una de ellas, al desarrollo social, común y personal de diferente manera, a que se cuiden esas diferencias y a que se mantengan en el tiempo. Lo estamos haciendo con las distintas especies de animales y vegetales… ¿por qué tenemos que hacer lo contrario con las persona? Hay demasiados dirigentes ignorantes y avariciosos administrando este mundo.
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Antes, he mencionado que somos y quienes somos gracias, en parte, a las influencias sociales que hemos recibido a lo largo de nuestra existencia. Eso quiere decir que, si un niño nace, vive y se desarrolla en un lugar donde moros y cristianos mezclan el Ramadán con la Semana Santa, el resultado será una generación que no solo no mantendrá ninguna de las dos culturas, sino que las destruirá.

Es decir, que la idea de tolerar cualquier acto cultural en cualquier cultura es un error que llevara a la desaparición de las dos.

Es como si juntamos a angloparlantes e hispanohablantes, nacerán niños y esos tendrán hijos que hablarán spanglish, sin tener ni idea de un castellano correcto o de un inglés correcto, disolviendo todas las diferencias para crear algo nuevo que las envuelva de la peor manera posible.
Y, ¿cuál es el problema en que desaparezcan culturas si se van a crear nuevas?

Solo tienes que echar un vistazo a tu alrededor. Es lo que ocurre en la actualidad, el problema de las crisis de valores. Aunque vamos a explicarlo con los idiomas porque se entiende mejor.

Crear el spanglish es un proceso que lleva tanto tiempo como el que se ha necesitado para crear cualquiera de los dos idiomas previos. Quiero decir que establecer unas normas nuevas que, encima, dejen contentos a hispanohablantes y angloparlantes, no es otra cosa sino casi misión imposible.

Si esto lo llevamos al campo de los valores culturales, el multiculturalismo deja en manos de una generación nueva la creación de una nueva cultura que, encima, trata de dejar contentos a ambos lados de las culturas previas, tratando de formar teorías comunes a todas basadas en sus propias convenciones sociales.

Es decir, que esos guardianes del bien que andan por ahí ahora mismo calificándose como súper progres y súper abiertos y súper yo acepto a todo el mundo, en realidad no tienen otra cosa en la cabeza sino una mezcla insoportable sobre lo que está bien o lo que está mal porque no se adhieren a ninguna cultura, sino que están creando la suya propia con el objetivo de adaptarla para todos.

Por ejemplo, nuestros abuelos tenían muy claro dónde estaban los límites, lo que se podía y lo que no se podía hacer. Pero, ¿tú? ¿Lo tienes claro tú? Apuesto a que no.

Ante este problema, yo siempre invito a cada uno a crear sus propias teorías, entonces, ¿no es eso lo que está haciendo esta nueva generación que ha nacido en países multiculturales?

Sí, pero la creación de una cultura que implique a la mayoría de los miembros que conviven en un lugar geográfico, no tiene nada que ver con la creación de una moral que guíe los actos personales de cada uno.

Lo que quiero decir es que no es lo mismo discutir con uno mismo hasta llegar a una conclusión que discutir con moros, cristianos, chinos, sudamericanos, japoneses, indios y noruegos. ¿Me explico?

Tú puedes crear lo que quieras y puedes vivir como quieras. Pero no puedes pretender que personas completamente diferentes a ti se adapten a tu estilo, ni mucho menos en un par de días.

Será genial que crees algo nuevo y que, si a la gente le parece correcto lo que propones, se una a ti. Eso significará la creación de un nuevo grupo y eso es fantástico.

Es por eso que la eliminación de las culturas antiguas (y no tan antiguas) es una aberración para la humanidad y una devastadora catástrofe para la diversidad. Quiero decir, ¿es mejor una cultura única o cientos diferentes?

Volviendo al tema de las localizaciones geográficas, todo lo anterior se reduce en la siguiente consideración, que establece que el multiculturalismo es un error que no nos permite aprender del extraño porque ahora los extraños somos nosotros.

¿Por qué? Porque ahora los que no saben lo que está bien y lo que está mal son los que viven en los países multiculturales y no los que llegan a esos países.

No quiero decir que sea un error que un español vaya a Marruecos, digo que es un error que un español vaya a Marruecos y pida para comer un bocata de calamares, en lugar de cuscús. Y lo mismo al revés.

Esto se resume en: si tú vas a un lugar nuevo, haz lo que hacen ellos, come lo que comen ellos, trata de integrarte y, sobre todas las cosas, aprende de sus costumbres. No te enriquecerás si vas a la India y pides cubiertos, o si vas a China y no comes perro o rollito de primavera.

¿La consecuencia práctica? No acepto el asentamiento de nuevas culturas dentro de la mía. ¿Eres Chino y quieres vivir en España? Eso está perfecto. Consigue los papeles necesarios y vente, tienes puertas abiertas para aprender de nosotros. Pero que no se te olvide que el invitado eres tú y que no dejarás de serlo hasta que no te sientas y te sintamos uno más de nosotros. Lo mismo si yo me voy a China.

Para terminar, solo quiero recordarte todos los diferentes estilos de vida que puedes encontrar en el planeta. No hablo solo de los que se encuentran fuera de tu barrio, sino también dentro del tuyo. Échale un ojo a los diferentes grupos. ¿Encajarías en todos? Seguramente no.

Porque tus valores no encajarían con los suyos y ellos no permitirían que unos valores así destrozasen los que llevan tiempo formando.

¿Qué tendrías que hacer para encajar en su grupo? Ser uno más, comportarte como ellos, hacer lo que hacen ellos, estar de acuerdo con ellos…

Y, ¿cuál es su razonamiento? Fácil, la protección de lo propio ante lo externo.

Así, lo que vengo a decir es que, amigos extranjeros que llegáis a mi país, nunca conseguiréis la aceptación social si pretendéis que nosotros nos adaptemos a vosotros. Puede sentaros mejor o peor, pero es la verdad. Y con una verdad se puede trabajar, con una mentira no.

Del mismo modo, espero no ser aceptada en ninguno de vuestros lugares de origen si me comporto como española y europea con total normalidad, pues habría olvidado mi condición de huésped, además de haberle prohibido a mi cabeza la posibilidad de ampliarse, algo que no me perdonaría.

Señores progres un saludo. Diversidad cultural, étnica y prosperidad para todos y por favor, dejen de jodernos con el multiculturalismo.

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