lunes, 5 de septiembre de 2016

LA BARBARIE MUSULMANA

COSAS DE GELY

La ablación: cuando ser mujer es un pecado

No me lo invento yo el islamismo es una barbarie.

Hoy quiero comentar la bestialidad de la ablación del clítoris y como siempre este salvajismo como muchos otros, no podría ser obra más que de esa raza abominable practicante de la religión musulmana. Esa raza de ignorantes detestables que quieren imponer al mundo su religión y costumbres

La ablación del clítoris ha llegado bruscamente a Europa con las riadas migratorias procedentes del Tercer Mundo. Esta asquerosa y absurda costumbre a llegado junto con nuestros invasores de otras tierras que hoy incomprensiblemente comparten sus repugnantes costumbres con nosotros.

La ablación es una práctica tradicional de zonas islámicas del África Negra, Asia y en general de todos los practicantes musulmanes, en las que, no solo no está prohibido, sino que además es una práctica integrada en la sociedad. No estaría mal que la Unión Europea tomara medidas contra esta nauseabunda costumbre, pero no hace nada al respecto con la suficiente seriedad y contundencia, salvo cuatro detenciones esporádicas que pasan al olvido rápidamente pues como el castigo suele ser leve, los salvajes que la practican continuan infligiendo las normas. No debe permitirse a los musulmanes continuar con esta práctica criminal en Europa. Por el contrario, la ablación debería ser un delito penado en con la expulsión de la Unión Europea o de cualquier país occidental.

La “ablación” es, según el diccionario, la separación o extirpación de cualquier parte del cuerpo y la “ablación genital femenina”, la mutilación genital o ablación del clítoris. Una práctica que jamás se ha conocido en el viejo continente, ni siquiera períodos prehistóricos. Esto lo digo para que nos demos cuenta del estado de salvajismo y primitivismo en el que viven los musulmanes.

Europa ha permanecido ajena a este conflicto durante siglos. Hasta no hace mucho se creía que era una rareza antropológica de pueblos primitivos. La llegada de riadas masivas de inmigración a nuestro continente, que traen con ellos sus tradiciones y costumbres, ha hecho que, bruscamente, hayamos tomado conciencia del drama por el que atraviesan millones de mujeres del Tercer Mundo.

En la actualidad resulta difícil establecer el número de mujeres que han sufrido ablación.

Las cifras más optimistas hablan de más de cien millones, pero, frecuentemente, a partir de datos de la ONU y la UNICEF, se considera que entre 130 y 150 millones de mujeres han sido martirizadas con esta mutilación que les dejará secuelas durante toda su vida.

En general la ablación se lleva a cabo en todos los países donde se practica la religión musulmana, (esa mal llamada la religión de la paz). Según un artículo que he leído en INFOMUNDI, se calcula que dos millones de niñas son sometidas anualmente a la mutilación genital. En todo el mundo se realizan aproximadamente seis mil nuevos casos por día, o sea, cinco ablaciones por minuto... esto es una prueba de que esta horda de barbaros ignorantes no renuncia a sus nauseabundas costumbres.

Las amputaciones de clítoris se realizan sin ningún tipo de medidas higiénicas. La mutilación es realizada por “curanderas” o mujeres mayores, con herramientas rudimentarias como cristales, cuchillos o cuchillas de afeitar y nunca en centros sanitarios, y los daños causados son irreparables. Hay mujeres que mueren desangradas debido al intenso dolor y el traumatismo, otras mueren semanas después de la intervención a causa de las infecciones resultantes.

La operación consiste básicamente en inmovilizar a la niña por sus familiares o atándola a la cama en el momento en que cumple los 7 o 10 años, colocarle unas tablillas sobre cuyas aristas sobresalga el clítoris, y arrastrar un vidrio o un cuchillo sobre las tablillas hasta que arranquen de cuajo el delicado órgano femenino.

Tal es el destino de las mujeres musulmanas. No todas sobreviven a la amputación. Frecuentemente las infecciones acaban con la vida de la niña. Las que sobreviven, además del trauma, padecen secuelas durante toda su vida. Frecuentemente sufren infecciones vaginales, tumores y dolor durante la penetración y el parto. Por supuesto, las mujeres musulmanas ignoran durante toda su vida lo que es el orgasmo y el placer sexual.


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