martes, 2 de agosto de 2016

ORIANA FALLACI ¡DESPIERTA GENTE DESPIERTA!

COSAS DE GELY



Queridos visitantes de este blog: el pasado 1 de Mayo día de la madre mi hijo F.P. me pregunto qué quería como regalo, le dije que me gustaría tener el libro de Oriana Fallaci la RABIA Y EL ORGULLO, le costó bastante encontrarlo pero finalmente recibí el obsequio. Me ha gustado tanto que no puedo renunciar ha dejaros un pequeño extracto de él.

Oriana Fallaci (1929-2006) vomitó una columna periodística dieciocho días después del 11 de septiembre de 2001 mientras "el hedor de la muerte entraba por las ventanas". La periodista había elegido Nueva York para el exilio moral. Era incapaz de vivir con el asco y la impotencia que le producía una Italia y una Europa, ya entonces rendidas a la cobardía del buenismo de lo políticamente correcto. Fallaci por "la coherencia y la disciplina que requiere el exilio" se autoimpuso una mordaza de diez años. Por tanto cuando escribió su largo "sermón" para el Corriere della Sera en 2001 ya sólo el hecho, fue noticia.

“Hay momentos de la vida, en los que callar se convierte en una culpa y hablar en una obligación. Un deber civil, un desafío moral, un imperativo categórico del que uno no se puede evadir”.

Querido sostenedor de Las Dos Culturas, las mezquitas que en toda Europa florecen a la sombra de nuestro (vuestro) olvidado laicismo y de nuestro (vuestro) pacifismo hipócrita y desbocado están llenas de terroristas y futuros terroristas. Protegidos por el cinismo, el oportunismo, el cálculo, la estupidez de quienes nos los presentan como si fueran tibias de santo.

Estoy hablando a las personas que no siendo estúpidas ni malas, se hallan en la prudencia o en la duda. Y a ellas les digo: ¡Despierta, gente, despierta! Intimidados como estáis por el miedo de ir a contracorriente o parecer racistas no entendéis, o no queréis entender, que aquí está ocurriendo una Cruzada al Revés. En su esencia, ésta es una guerra de religión y quien lo niegue, miente, una guerra que ellos llaman Yihad, Guerra Santa. No entendéis, no queréis entender, que para los musulmanes Occidente es un mundo que hay que conquistar, castigar y someter al Islam.

Acostumbrados como estáis al doble juego, cegados como estáis por la miopía, no entendéis o no queréis entender que nos han declarado una guerra de religión. Promovida y fomentada por una facción de aquella religión, puede ser, (¿puede ser?), pero de religión. Que puede ser que no aspire a conquistar nuestro territorio, pero mira a la conquista de nuestras almas. A la desaparición de nuestra libertad, de nuestra sociedad, de nuestra civilización. Es decir, al aniquilamiento de nuestra manera de vivir o de morir, de nuestra manera de rezar o no rezar, de pensar o no pensar. De nuestra manera de comer y beber, de vestirnos, divertirnos, informarnos… No entendéis o no queréis entender que si no nos ponemos, si no nos defendemos, si no combatimos, la Yihad vencerá. Vencerá y destruirá el mundo que bien o mal hemos logrado construir, cambiar, mejorar, hacer un poco más inteligente.

Destruirán en suma nuestra identidad, nuestra cultura, nuestro arte, nuestra ciencia, nuestra moral, nuestros valores, nuestros principios, nuestros placeres… Sí señores: nuestros placeres también. ¿No comprendéis que los Osama bin Laden se creen verdaderamente autorizados a mataros a vosotros y a vuestros hijos porque bebéis vino o cerveza, porque no lleváis la barba larga o el chador o el burkah, porque vais al teatro y al cine, porque escucháis a Mozart y canturreáis una cancioncilla, porque bailáis en las discotecas o en vuestras casas, porque miráis la televisión, porque lleváis minifalda o pantalones cortos, porque en el mar o en la piscina estáis desnudos o casi desnudos, porque jodéis cuando y donde y con quien os da la gana?

¿Por qué a gran parte de Occidente el judaismo no le inspira ninguna empatía y el cristianismo le produce picores alérgicos? ¿Por qué incluso esa gran parte de ciudadanos son capaces de pedir perdón por su ateísmo ante el Islam? Yo soy atea, gracias a Dios. Racionalmente, por lo tanto irremediablemente atea. Y no tengo alguna intención de ver mi racionalismo, ni mi ateísmo, ofendido perseguido y castigado por los nuevos Inquisidores de la Tierra. Razonar con ellos, impensable. Tratarlos con indulgencia, tolerancia o esperanza, un suicidio.

¿Qué lógica tiene respetar a quien no nos respeta, qué dignidad tiene defender la cultura o presunta cultura de aquellos que desprecian la nuestra?

Se constata que los terroristas más peligrosos suelen estar en posesión de pasaportes reglamentarios y renovados por las autoridades europeas, de carnets de identidad y permisos de residencia expedidos con gran generosidad. Seducida por nuestro bienestar, nuestras comodidades, nuestras oportunidades, alentada por la flaqueza y la incapacidad de nuestros gobernantes, sostenida por los cálculos de la iglesia católica y por el oportunismo de la soidisant (supuesta) izquierda, protegida por nuestras leyes complacientes, nuestro liberalismo, nuestro pietismo, nuestro (vuestro) miedo, avanza inexorablemente. Se infiltra dentro de los ganglios de nuestra propia civilización.

Masoquista, si masoquista. Partiendo de esta palabra abro finalmente el discurso sobre lo que llaman contraste cultural entre las dos culturas y bien: para empezar me molesta incluso hablar de ”dos” culturas. Es decir ponerlas en el mismo plano como si fueran dos realidades paralelas, dos entidades de igual peso y de igual medida. Porque detrás de nuestra civilización está Homero, está Sócrates, esta Platón, está Aristóteles, está Fidias. Está la antigua Grecia, con su Partenón, su escultura su poesía, su filosofía, su invención de la Democracia. Está la antigua Roma con su grandeza, su concepto de la Ley, su literatura, sus palacios, sus anfiteatros, sus acueductos, sus puentes, sus calles. Hay un revolucionario, aquel Jesús muerto crucificado que nos enseñó (y paciencia si no lo hemos aprendido) el concepto de amor y justicia. Hay también una Iglesia que nos puso la Inquisición, de acuerdo. Que nos torturó, nos quemó mil veces en la hoguera. Que durante siglos nos obligó a esculpir o pintar solo Cristos, Santos y Vírgenes, que casi me mató a Galileo Galilei. Lo humilló, lo silenció. Pero ha dado también una gran contribución a la Historia del Pensamiento, esa Iglesia. Ni siquiera una atea como yo puede negarlo.

Y después está el Renacimiento. Está Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Rafael, Donatello, etcétera. Por ejemplo: el Greco Rembrandt y Goya. Hay una arquitectura que va más allá de los minaretes y de las tiendas en el desierto. Está la música de Bach, Mozart y Beethoven, hasta llegar a Rossini, Donizetti y Verdi and Company. (Esa música que en la cultura o supuesta cultura Islámica está prohibida. Pobre de ti si silbas una cancioncilla o tarareas el coro del Nabucco. “Como máximo puedo concederle alguna una marcha para los soldados”, me dijo Jomeini cuando afronte el asunto.)

Finalmente está la ciencia y la tecnología que de ella se deriva. Una ciencia que en pocos siglos ha cambiado el mundo. Ha realizado sortilegios dignos del mago Merlín, milagros dignos de la resurrección de Lázaro. Y Copérnico, Galileo, Newton, Darwin, Pasteur, Einstein (digo los primeros nombres que se me ocurren) no eran precisamente secuaces de Mahoma. ¿O me equivoco? El motor, el telégrafo, la electricidad, el radio, la radio, el teléfono, la televisión no se deben a los mullah y a los ayatollah. ¿O me equivoco? El barco de vapor el tren, el automóvil, el avión, las naves espaciales con las cuales hemos ido a la Luna o a Marte y en el futuro iremos Dios sabe donde, lo mismo. ¿O me equivoco? Los trasplantes de corazón, de hígado, de pulmón, de ojos, los tratamientos para el cáncer, el descubrimiento del genoma, ídem. ¿O me equivoco? Y aunque todo eso fuese algo para tirar a la basura (cosa que no creo) dime: detrás de la otra cultura, la cultura de los barbudos con la sotana y el turbante, ¿Qué hay?

Con los hijos de Alá el conflicto será duro. A menos que Europa apague su miedo y razone un poco y eche una mano. El Papa incluido. Lo peor para todos está todavía por llegar. He aquí la verdad. Y la verdad no se coloca necesariamente en el medio. A veces está solo en un lado.


Cf. ORIANA FALLACI, Rabia y orgullo. Editorial La esfera de los Libros. Madrid 2002.

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