miércoles, 20 de julio de 2016

EXTENDER EL ISLAM ES PARTE DE LA DOCTRINA MUSULMANA

COSAS DE GELY
Huntington, Fukuyama y Sartori advirtieron que extender el Islam es parte de la doctrina musulmana


Fuente: http://factormm.com/sartori-fukuyama-y-huntington-advirtieron-que-extender-el-islam-es-parte-de-la-doctrina/

En agosto de 2007, el politólogo estadounidense Francis Fukuyama manifestaba que el fracaso de la integración de los musulmanes en Europa era una bomba de tiempo que ya había contribuido al terrorismo y podría llegar a convertirse en una amenaza para la democracia. Sus proféticas palabras se han cumplido. Se han cumplido otra vez.

En un artículo publicado en Il Corriere della Sera, decía entre otras cosas:

Sean cuales fueren las causas, el fracaso europeo del intento de crear una mejor integración de los musulmanes es una bomba de tiempo que ya ha contribuido al terrorismo, que por cierto provocará una reacción más firme de los grupos populistas y que posiblemente llegue a convertirse en una amenaza para la democracia europea misma. La solución del problema requiere un cambio del comportamiento de esa minoría inmigrante y de sus descendientes, pero también del de la comunidad nacional dominante. El primer paso de una solución es admitir que el viejo modelo multicultural no ha tenido gran éxito en países como Holanda y Gran Bretaña, y que es necesario sustituirlo por intentos más enérgicos para integrar a la población no occidental en una cultura liberal común. El viejo modelo multicultural estaba basado en el reconocimiento de los grupos y de sus derechos. A causa de un erróneo sentido de respeto por la diferencia -y tal vez por sentimientos de culpa poscoloniales-, se otorgó a las comunidades culturales una excesiva autoridad para fijar las reglas de conducta de sus miembros. El liberalismo no puede basarse en los derechos de los grupos, porque no todos los grupos sostienen valores liberales. La civilidad de la Ilustración europea, de la cual es heredera la democracia contemporánea, no puede ser culturalmente neutral, dado que las sociedades liberales tienen valores propios que resguardan la igualdad de los valores y de la dignidad de los individuos. Las culturas que no aceptan esas premisas no merecen igual protección en una democracia liberal. Los miembros de la comunidad inmigrante y sus descendientes merecen ser tratados en un plano de paridad como individuos pero no como miembros de la comunidad cultural. [….]

Algunas comunidades musulmanas plantean exigencias de derechos grupales que simplemente no pueden adaptarse a los principios liberales de igualdad entre los individuos. Esas exigencias incluyen la exención especial de la legislación familiar válida para todos los miembros de la sociedad, el derecho de excluir a los no musulmanes de ciertos acontecimientos públicos o el derecho de oponerse a la libertad de expresión en nombre de la ofensa religiosa. En tales casos extremos, la comunidad musulmana ha expresado incluso la ambición de desafiar el carácter laico del orden político general.

¿Por qué nos engañamos?: La obligación de extender el Islam por todo el mundo, sometiendo a los infieles, no es una pretensión de los fundamentalistas. Es una parte esencial de esta doctrina. Bernard Lewis, en un libro clásico sobre la materia,“El lenguaje político del Islam“, escribe:

De acuerdo con las enseñanzas musulmanas, la yihad es uno de los mandamientos básicos de la fe, una obligación que Dios ha impuesto, a través de la revelación, sobre todos los musulmanes. En una guerra ofensiva es obligación de la comunidad musulmana en conjunto en una guerra defensiva se convierte en una obligación personal de cada varón musulmán adulto. En una situación así el gobernante debe hacer una llamada general a las armas. La base de la obligación del yihad es la universalidad de la revelación musulmana. La palabra de Dios y el mensaje de Dios son para toda la humanidad; es deber de aquellos que la han aceptado esforzarse sin descanso por convertir o al menos someter a los que no la aceptan. Esta obligación no tiene límite de tiempo ni de espacio. Debe continuar hasta que el mundo entero haya aceptado la fe islámica o se haya sometido al poder del estado islámico.

Hasta que eso ocurra, el mundo estará dividido en dos: el Territorio del Islam (dar al-Islam) en el que los musulmanes gobiernan y prevalece la ley del Islam, y el Territorio de la guerra (dar al-harb), que comprende el resto del mundo. Entre ambos hay un estado de guerra moralmente necesario, legal y religiosamente obligatorio, hasta el final e inevitable triunfo del Islam sobre los no creyentes. Según los libros de leyes, este estado de guerra se puede interrumpir cuando sea oportuno mediante un armisticio o tregua de duración limitada. No puede acabar con una paz, sino sólo con la victoria final.

 ¿Por qué no queremos enterarnos?



El asesor que pedía una Ley de censura

En el año 2004, Abdelkarim Carrasco, desde la FEERI, Federación Española de Entidades Islámicas, y asesor de los Gobiernos del PP y del PSOE solicitaba que se aprobase una ley que permitiera la censura sobre noticias relacionadas con el Islam, con la excusa de “no fomentar el odio”.

En este sentido, tanto el Departamento de Estado norteamericano como la Unión Europea han manifestado su inquietud ante los reiterados intentos de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI) de promover en el seno de la Asamblea General de Naciones Unidas una resolución contra la blasfemia. Año tras año, la OCI, por medio de alguno del medio centenar de sus miembros -el último que presentó la propuesta fue Marruecos-, maniobra para que la Asamblea adopte un texto “contra la difamación de las religiones”, sea lo que fuere eso. Es decir, se pretende que la propia ONU emita una Ley mundial contra la libertad de expresión.

Cuesta trabajo creerlo, pero a veces se producen situaciones insólitas. Hace unos años, el grupo Inditex llegó a cambiar las etiquetas de algunas prendas de la nueva colección de Bershka en las que se veía una mezquita, y que, según publicaron algunos diarios saudíes, había provocado quejas de algunos clientes en las tiendas de Dubai, en los Emiratos Árabes Unidos. Según publicó el periódico de emiratí ‘Khaleej Times’, algunas clientas de Bershka en Dubai avisaron a las dependientas de la tienda al darse cuenta de que las etiquetas de la ropa incluían “imágenes de una mezquita mezcladas con símbolos de amor y comentarios sugerentes”. Esta es la realidad cortdiana. Si hasta el Real Madrid decapita su emblema para no molestar a sus protectores musulmanes.

La alianza de civilizaciones

El martes, 21 de septiembre de 2004, el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, proponía ante la 59 Asamblea General de la ONU, la creación de una “Alianza de civilizaciones entre occidente y el mundo árabe y musulmán para combatir el terrorismo internacional por otra vía que no sea la militar”.

“Esta alianza habrá de formarse a partir del estudio por parte de un grupo de alto nivel. Zapatero “Tiene como objetivo fundamental profundizar en la relación política, cultural, educativa, entre lo que representa el llamado mundo occidental y en este momento histórico el ámbito de países arabes y musulmanes”

Pese a las partidas invertidas por el Gobierno del PSOE y el "interés de Turquía" de ver si le servía para entrar en la Unión Europea, hoy es una idea muerta, pese a que incluso se anunció un plan de acción con medidas para concretas “desactivar el antagonismo” entre occidente y el Islam. La “Doctrina Zapatero” en materia de civilizaciones no la compartía precisamente el profesor Giovanni Sartori, politólogo y profesor emérito de la Universidad Columbia en Nueva York y de la Universidad de Florencia. Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales, quien una entrevista publicada por el diario el Mundo, el sábado, 13 de octubre de 2007 afirmaba: “El islam ha declarado la Guerra Santa a Occidente, que no sabe defenderse”.



Decía Sartori que Occidente no es el agresor político, se limita a defenderse mejor o peor, más bien peor, porque no sabe hacerlo. Y añadía
Los inmigrantes musulmanes no se han integrado jamás en ningún lado. Ahí tiene usted el ejemplo de la India. No se integran porque si uno obedece la voluntad de Dios no puede obedecer la voluntad del pueblo ni respetar el principio de legitimidad de la democracia. Y el islam es un sistema teocrático cuyos miembros están obligados a cumplir la voluntad de Alá, tal y como la interpretan sus clérigos. Así era Europa en la Edad Media; sin embargo, la religión cristiana ha conseguido aceptar la laicidad, pero el islam no. […] No acepto la idea de que si cogemos un musulmán y lo declaramos español vaya a convertirse en un buen ciudadano español. No se convierte en nada, sigue siendo lo que es. No recurramos a soluciones estúpidas y equivocadas. Debemos controlar y limitar la entrada de inmigrantes, porque si no nos arrollarán. ¿Qué hacer con los musulmanes que ya están en Europa?: Obligarles a acudir a la escuela laica nacional.

Y Samuel P. Huntington, de profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Harvard y autor del famoso libro “El choque de civilizaciones”, advertía:

Este nuevo orden mundial tiene sus riesgos. Las civilizaciones emergentes se consideran superiores a la de Occidente, con valores morales más auténticos. Por vía del desafío demográfico (el 2025 más del 25% poblacional mundial será musulmana) o por vía del crecimiento económico (el 2025 Asia incluirá siete de las debe economías más fuertes del planeta) o por vía de la militancia creando inestabilidad, el poder y los controles de la civilización occidental se desplazarán hacia las civilizaciones no occidentales. Así, un choque de civilizaciones, de estas civilizaciones arraigadas a religiones, dominará la política a escalera mundial: en las fronteras entre civilizaciones se producirán las batallas del futuro.

La guerra empezó hace mucho tiempo. En Francia Niza la demencia  musulmana  ha segado nuevas vidas de la civilización occidental.

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