martes, 2 de febrero de 2016

EL APEGO Y EL SUFRIMIENTO

COSAS DE GELY

 
Buda tenía razón: deseo y apego son las causas del sufrimiento

Por si surgen algunas dudas al leer o escuchar esto, vaya por delante un aviso: soy una budista poco convencional… tome refugio hace muchos años, pero cuando observe que el budismo al igual que las demás religiones, pedía mucho y no daban nada gratis me decepcione. Aunque he de reconocer que entre todas las filosofías y religiones, el budismo es la menos mala para aquellos que sepan encontrar grandes verdades y ayudas en las enseñanzas de Siddhartha Gautama y sus seguidores.

Doy comienzo a esta narración, con una categórica afirmación: Buda tenía razón. ¿En todo?  No, en mi opinión, en todo no…  Pero sí en muchas cosas.  De hecho, me parece tremendamente acertado y didáctico su planteamiento de las “Cuatro nobles verdades” que, simplificando, podríamos resumir así:

1. El ser humano sufre

2. El sufrimiento procede del deseo.  Deseamos cosas que, al no ser alcanzadas (o al perderlas) nos producen sufrimiento

3. Eliminando el deseo pondremos fin a nuestro sufrimiento

4. Existe un camino para extinguir el deseo y el sufrimiento: el camino intermedio entre la búsqueda de la felicidad en los placeres de los sentidos, y la búsqueda en la beatitud espiritual del ascetismo extremo.

Hoy me he levantado decidida a meditar sobre esta cuestión o sea  entre el deseo (y el apego que de él se deriva) y sufrimiento (las tres primeras nobles verdades del budismo).

No se trata de meditar aquí sobre el sufrimiento físico (ese lo conocemos y lo solucionamos con algún que otro  analgésico), sino del sufrimiento psíquico y del espiritual…  Que alguna que otra vez, también todos hemos experimentado…  y solemos padecer a menudo.

Sufrimos porque deseamos, y porque nos apegamos a nuestros deseos, a nuestras imágenes mentales y a nuestras cosas.  Nos sucede desde niños… Recuerdo aquella vez en Granada que, siendo una cría, pensaba que mis padres me iban a regalar la tan ansiada bicicleta y, en lugar de eso me regalaron un plumier lleno de lápices de colores, No podéis imaginar la sensación que me embargó fue de todo menos de alegría ¿Acaso no me gustaba el plumier?  Claro que sí, era precioso…  Pero yo esperaba una bicicleta…  Que no llegó.

Si no hubiera tenido esa secreta esperanza, si no me hubiera dejado llevar por la imaginación, si no me hubiera montado una película y me hubiera limitado a esperar con ilusión qué regalo me harían…  Habría podido disfrutar de ese fantástico plumier lleno de lápices de colores.  Pero mi mente me jugó una mala pasada…  Y me chafó el regalo…  Y mucho me temo que sigue haciéndolo.

Hoy a pesar de ser mayor y haber crecido, las cosas siguen igual, no solo para mí sino para el resto de los mortales. Tú que estás leyendo esto, ¿cuántas veces deseaste un puesto de trabajo que nunca lograste y sufriste por ello?  Esperabas un ascenso que sí que llegó, con un sustancioso aumento de sueldo pero… no era el que habías imaginado… y sufriste por ello.  Te enamoraste de un hombre o una mujer fantástica pero… un día, al abrazarlo o abrazarla, te diste cuenta que no era exactamente como lo habías o la habías imaginado y te entristeciste.  Tuviste hijos, y no cumplieron con tus expectativas y lloraste por ello.

¿Cómo podemos ser tan idiotas? ¿Cómo podemos tropezar tantas veces en la misma piedra? ¿Cómo no somos capaces de detectar que el origen de ese sufrimiento está en nosotros mismos, en nuestra mente, y no en lo que nos sucede?  Esos mismos hechos, podrían ser fuente de alegría, paz y satisfacción si los afrontáramos con inocencia, con el espíritu abierto, tomándolos como el regalo que es:

¡Un plumier! ¡Qué maravilla! lo que me voy a divertir con él y sus lápices de colores. Hay que ver lo que me quieren mis padres y lo que confían en mis capacidades, que me han regalado un plumier lleno de lápices de colores para que pueda dibujar casitas flores etc… y las pueda colorear.

¡Un trabajo! Qué interesante, un nuevo reto, una oportunidad de demostrar mi valía.

¡Un ascenso y un aumento de sueldo! Vaya, valoran mi trabajo y aumentan mis responsabilidad y retribución para demostrármelo.

Un fantástico hombre o mujer que no es exactamente como habías imaginado! Qué bueno, tras tantos tiempos juntos no deja de sorprenderme.

¿Unos hijos que no realizan nuestros sueños? Si nuestra alegría como padres realmente reside en que puedan llevar a cabo los suyos. Y así con todo.

En el budismo se nos propone el “camino intermedio” o de “los ocho miembros” (visión u opinión correcta, pensamiento correcto, palabra correcta, actividad correcta, medios correctos, esfuerzo correcto, atención correcta y concentración correcta) como vía para eliminar el deseo y el sufrimiento de vida.  Es, sin duda, un camino…  Y como todo camino comienza por un primer paso, que en este caso es sencillo: no te montes películas, no hagas castillos en el aire…  Vive con la simplicidad del que siempre trata de actuar correctamente en el presente, tomando lo que le trae la vida como un regalo, como una oportunidad de realizarse, de encontrar la felicidad y de dar a luz su mejor yo aquí y ahora.

Lo demás (pasado y futuro) son  humo y apegos,  apegos que traen sufrimiento.  Lo dicho: Buda tenía razón. Aprendamos de él.


No hay comentarios:

Publicar un comentario