viernes, 4 de diciembre de 2015

CONSECUENCIAS DEL FANATISMO RELIGIOSO

COSAS DE GELY

El fanatismo religioso está adquiriendo últimamente una dimensión terrorífica e inquietante. Me refiero particularmente a los países musulmanes. Últimamente todo parece indicar que Occidente no se encuentra al margen de este fenómeno. Desde la invasión de Irak  los europeos estamos probando el terror que los tres de las Azores sembraron mas allá de los mares. Para nuestra desgracia, desde el fatídico día del atentado del 11M, los europeos hemos perdido la tranquilidad. Nos acosa el fanatismo religioso. Este fanatismo no es un retorno a la espiritualidad, ya me gustaría a mí que así fuera. Pero lo que regresa es el dogmatismo, en muchas ocasiones acompañado por el oscurantismo, y el integrismo (actitud conservadora que defiende el inmovilismo de las tradiciones) y a veces el fanatismo, que conlleva la defensa desmedida y apasionada de creencias, opiniones, e ideologías religiosas, que convierte a sus defensores en un peligro radical. Esto no es el retorno de la espiritualidad, si así fuera tendríamos que felicitarnos. Esto es el retorno del terror,  pensar de otro modo seria equivocarnos de adversario.


Fui educada en el catolicismo, de él no guardo nada que merezca la pena ser tenido en cuenta, al contrario, conforme he ido haciéndome adulta, mi resentimiento hacia este ha ido en aumento. Tengo claro que a la Iglesia Católica no le debo nada, al contrario, abomino de todos los impedimentos, que su dogmatismo me impuso cuartando mi libertad, en el sentido más amplio de la palabra. ¿Por qué digo esto? Porque el Catolicismo al igual que el terrorismo islámico que hoy nos acosa, durante muchos siglos también ejerció el terror asesinando y torturando a millones de personas.  

La espiritualidad no es patrimonio de ninguna religión, puede que “Dios” nos supere, pero las religiones no, porque son humanas, yo diría que demasiado humanas, se basan en la existencia de un ser dudoso al que nadie ha visto y del que en realidad solo se sabe aquello que las religiones nos ha hecho creer.  

Texto de Gely Sastre




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