martes, 9 de junio de 2015

¿VIVIR PARA LA POLÍTICA O VIVIR DE LA POLÍTICA?

COSAS DE GELY



Os habéis preguntado alguna vez ¿porque hay tanta gente que quiere vivir de la política?  Yo sí y he llegado a la conclusión que por más que se empeñen algunos políticos en decir lo contrario, es descorazonador comprobar que cuando entran en política, aunque afirmen que buscan servir al ciudadano, a lo que verdaderamente muchos de ellos aspiran es a alcanzar el poder y mantenerse en él por encima de todo. 


La estrategia de los políticos “de presentarse como servidores del ciudadano” es un conocido mecanismo de defensa psicológico que algunos ponen en juego para disfrazar sus deseos de poder, y aunque ello en parte sea lícito, de lo que no cabe la menor duda es que únicamente lo hacen intentando mantenerse en la poltrona por tiempo indefinido, su ambición hoy esta muy lejos de aparecer a los ojos de los ciudadanos como lo que a ellos les gustaría, osea, como los salvadores de la patria; hoy ello es misión imposible pues ya no engañan a nadie, pues los ciudadanos saben que solo les guía una excesiva ansia de mandar y de vivir de la política. 

Hay políticos que una vez conseguido el poder, si observamos su conducta, podremos darnos cuenta cómo cambian su modo de actuar y en lugar de preocuparse por atender los intereses de los ciudadanos y solucionar sus problemas y necesidades, se ocupan de los suyos propios, trajinan denodadamente por mantenerse en el sillón e incumplen, sin pudor y con enorme cinismo, cuantas promesas les hicieron a la hora de conseguir sus votos. Esta categoría de políticos son aquellos que acceden a la política sin vocación y hacen de ella exclusivamente su profesión.




¿Vividores de la Política de España BASTA YA?


Animo desde aquí a que todo el mundo cambie su voto en a favor de otras formaciones políticas que no sean PP ni PSOE que son los que ha arruinado nuestro país.

No puede ser que España con un 22% de paro y un país con 48 millones de habitantes tenga más políticos, concejales y gente viviendo de la política que Japón con un 3% de parados y 130 millones de habitantes.  

En España hay más de 5 millones de tunantes  viviendo del cuento. Esto ya no hay quien lo resista, no necesitamos tantos políticos que cuando llegan al poder nos inflan a impuestos para poder pagar a toda esa pandilla de vividores.


Lo de España no tiene nombre, esta casta parasitaria está estrujando al máximo a los trabajadores y pequeños comerciantes para que ellos se paseen en sus cochazos, se pongan unos sueldos de escándalo y unas jubilaciones de muerte ¡esto se tiene que acabar igual que se acabo la tiranía de los zares en Rusia, es insostenible!









Al hacer estas afirmaciones es importante hacer referencia al análisis de Max Weber en su conferencia pronunciada en la Asociación Libre de Estudiantes de Munich en 1919, titulada “Politik als Beruf”. Dependiendo de la traducción que se haga del término “Beruf” (hay quien lo traduce por “profesión” y quien por “vocación”), el título de la conferencia de Weber sería “La política como vocación” o “La política como profesión”. Analizar sobre si Weber concibe la política como vocación o como profesión no es un asunto meramente semántico, ya que al concebirla de una manera u otra se derivan consecuencias concretas diferentes. Cuando se dice que una cuestión es política, o que es “político” un ministro, o que una decisión está políticamente condicionada, lo que se quiere significar -afirma Weber- es que la respuesta a esa cuestión, o la determinación de la esfera de actividad de aquel ministro, o las condiciones de esta decisión, dependen directamente de los intereses en torno a la adquisición, conservación, uso o transferencia del poder, pues quien se mete en política aspira al poder como medio para conseguir otros fines (idealistas o egoístas) o al poder “por el poder”, con el fin de gozar del sentimiento de prestigio social que el poder confiere. Distinguir, pues, entre el político profesional y el meramente vocacional es pertinente no sólo por razones intelectuales sino, también, prácticas.






Es habitual escuchar justificarse a los políticos, de todo cuanto dicen o hacen (o dice o hace el partido), con una obediencia ciega a las consignas que dicta el partido, aún cuando éstas entren en contradicción con la propia conciencia; son “los corruptores del lenguaje y la palabra” y no es infrecuente que caigan también en la corrupción política, que abarca una gama amplia de prácticas, desde la financiación irregular de partidos y elecciones, hasta la apropiación de bienes públicos y el comercio de influencias… Hacen uso frecuente de otro mecanismo de defensa, el de negación; se enfrentan a los conflictos o problemas negando su existencia o su relación consigo mismo y rechazan aquellos aspectos de la realidad que consideran perjudiciales para su propia estabilidad en el cargo; prefieren actuar contra de lo que les dicta su conciencia a enfrentarse a lo establecido por partido, que es el que les garantiza el puesto; puesto que jamás habrían conseguido por méritos propios y sin el apoyo de sus cúpulas; por ejemplo, entrar en las listas electorales o, alcanzado el gobierno, “pillar” un buen cargo, económicamente bien remunerado y socialmente bien considerado…; son las famosas “mamandurrias” de las que tanto habla Esperanza Aguirre. A muchos de estos altos cargos que nos han gobernado o gobiernan en la actualidad,  se les podía cantar aquel verso del cuplé de la chica del 17”: “¿De dónde saca “pa” tanto como destaca?”, entendiendo por “sacar” sus escasas capacidades para ocupar el poder y “destacar”, la importancia del propio puesto ocupado.


Muestra clara de esta censurable e irresponsable impostura de preferir la disciplina de partido a actuar de acuerdo a conciencia la hemos visto no hace mucho en el Parlamento en el grupo popular, al votar en bloque y con entusiasmo palmero en contra de la retirada del trasnochado proyecto de ley sobre el aborto; o las recientes y chapuceras declaraciones del Director General de la Guardia Civil negando la veracidad de unas imágenes sobre la utilización de medios antidisturbios contra inmigrantes subsaharianos en Ceuta… ¡Se me ocurren cientos de casos parecidos!.

De ahí que muchos ciudadanos hayan comenzado a desconfiar de aquellos políticos que se pretenden poseedores y guardianes de la verdad política, incapaces de entender que son los propios ciudadanos los que les han delegado el poder y que no quieren manifestar su voluntad solamente en momentos electorales; son aquellos ciudadanos que salen a la calle en distintas y justificadas “mareas” para protestar del retroceso social al que nos conducen muchas decisiones políticas y en defensa de lo público frente al liberalismo económico exacerbado de quienes nos han llevado a la crisis; son aquellos ciudadanos que no están dispuestos a que los políticos reemplacen su capacidad de deliberación y discusión por una sumisión ciega; son aquellos ciudadanos que no quieren ser “analfabetos políticos que no oyen, no hablan, no participan de los acontecimientos políticos; no saben que el costo de la vida, el precio del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas”; son aquellos ciudadanos que han comenzado a tener claras la ignorancia y debilidad de tantos políticos para la argumentación, la comunicación y la persuasión y su incapacidad para la gestión de la vida pública. De ahí que sera bueno recordarles que “Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen les pierden el respeto”. ¡Cuánta sabiduría hay en lo obvio! ¡Cómo se pueden extrañar, pues, muchos de nuestros políticos de que los ciudadanos les estemos perdiendo el respeto cuando actúan y hacen declaraciones con tanta desvergüenza y carentes de toda veracida!


Es ya paradigmática la cínica explicación de la secretaria general del Partido Popular, señora Dolores de Cospedal sobre "el finiquito en diferido en forma de simulación", acerca del despido del señor Bárcenas. Sobre la pretensión de los políticos de manipular “racionalmente” la realidad.

 “Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el poder, son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado les mueve y no mejoran en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta... No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a sus amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica y adelante con los farolitos… La España que aspira a un cambio radical y violento de la política, se está quedando, a mi entender, tan anémica como la otra. Han de pasar años, tal vez lustros antes de que este Régimen, atacado de tuberculosis ética sea sustituido por otro que traiga sangre nueva y nuevos focos de lumbre mental”.


No quiero finalizar estas ideas sin dedicar unas palabras, como modelo de gestión, en favor de aquellos muchos y buenos políticos que salvan con su profesión y vocación la conducta de aquellos otros que no lo son; las pronunció el propio Max Weber, en su conferencia de Munich en 1919; concluía así: “La política consiste en una dura y prolongada penetración a través de tenaces resistencias, para la que se requiere, al mismo tiempo, pasión y mesura. Es completamente cierto, y así lo prueba la Historia, que en este mundo no se consigue nunca lo posible si no se intenta lo imposible una y otra vez. Pero para ser capaz de hacer esto no sólo hay que ser un líder, sino también un héroe en el sentido más sencillo de la palabra. Incluso aquellos que no son ni lo uno ni lo otro han de armarse desde ahora de esa fortaleza de ánimo que permite soportar la destrucción de todas las esperanzas, si no quieren resultar incapaces de realizar incluso lo que hoy es posible. Sólo quien está seguro de no quebrarse cuando, desde su punto de vista, el mundo se muestra demasiado estúpido o demasiado abyecto para lo que él le ofrece; sólo quien frente a todo esto es capaz de responder con un “sin embargo”; sólo un hombre de esta suerte construido podrá demostrar “vocación” para la política.





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