domingo, 10 de mayo de 2015

EL CONOCIMIENTO QUE DAN LOS AÑOS

COSAS DE GELY




El conocimiento que dan los años

Vivimos una época en la que se exaltan los valores de la juventud, que son los de la fuerza, el vigor y la vitalidad física. Pero esa energía ofusca el conocimiento de la vida que sólo se adquiere con los años y por lo general a edades avanzadas.

Hoy la esperanza de vida, gracias a la medicina, se ha prolongado notablemente, quizás sea eso lo que frustra actualmente a los ancianos, que a causa de su longevidad, sienten una sensación de exclusión social y cultural, a pesar que muchos de ellos mentalmente están en condiciones optimas.

Actualmente el envejecimiento y el cese de la actividad profesional lleva aparejado en los mayores casi el desprecio y el abandono, cosa que antiguamente no ocurría, al contrario la longevidad, no equivalía al descrédito del anciano; antes bien, lo ennoblecían, y se le reconocía el saber que dan los años, fruto de una larga experiencia de vida.

Está claro que no todos los ancianos se encuentran en las mismas condiciones, ya que hay terribles enfermedades como el alzheimer, la demencia senil etc. que suelen presentarse a determinadas edades y de las que ninguno nos hallamos exentos.

Hoy desgraciadamente, es evidente la soledad en que viven muchas personas mayores. Son muchas las voces que advierten de ello. Pero nada indica que esto vaya a cambiar, al contrario cada vez son más los ancianos relegados a la indiferencia y diría que hasta el olvido. Es mas puedo decir sin miedo a equivocarme, que hoy muchos ancianos están lidiando con la soledad, el sedentarismo, la desnutrición, el maltrato, e incluso el espoleo de lo poco que poseen.

Dejar de trabajar no quiere decir jubilarse de la vida, pero parece ser que gran parte de la sociedad así lo cree. Cuando uno o una se queda solo el problema se agudiza, es por esto que muchos ancianos, viven una gran angustia, que es el aislamiento, cosa que supone reparar, cómo uno poco a poco se van quedando solo y sin interlocutores. Pero como dicen en mi tierra (Asturias) a todo gochin le llega su San Martín

Llegar a la vejez  para muchos ancianos, es como ser vestigio de un tiempo pasado, es como no tener carta de ciudadanía, en una sociedad que vive demasiado de prisa e hipnotizada por la novedad y obsesionada con el dinero.

Cuando somos jóvenes no nos damos cuenta que la juventud es un cortísimo periodo de la vida, un estado temporal, que pasa muy rápido, tan veloz que apenas si nos damos cuenta.

Sé que la juventud es la etapa de la agitación, yo también he sido joven, como también se que la ancianidad es el momento de la tranquilidad forzosa y de la calma. El sosiego que proporcionan los años, es el que da a los longevos una visión más clara y lúcida de la vida.

Las experiencias vividas y el conocimiento que aportan los años, ofrecen a los mayores la posibilidad de considerar las cosas con serenidad y meditarlas. Podría decirse que la vejez, con la carga de toda una vida a sus espaldas, suministra a los ancianos cordura, discernimiento y un bagaje considerable de prudencia, que muchos confunden con la estupidez.


Todo es temporal, todo es efímero y pasajero, la niñez, la juventud, la vejez y la vida.

Y posiblemente todos tengamos un momento en nuestras breves vidas, en que nos arrepentiremos de algunas de las cosas  que hemos hecho.


Nadie es perfecto.




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