lunes, 9 de junio de 2014

CUENTOS Y PARABOLAS BUDISTAS I - EL DESTINO ESTA EN NUESTRAS MANOS

COSAS DE GELY




Quinientos años antes del nacimiento de Jesucristo y el cristianismo, nació Buda y con el Budismo, este siempre fue un enamorado de las parábolas y muchas fueron utilizadas por el mismo Buda. El enseñaba con parábolas, porque los hombres de buen entendimiento fácilmente cogerán el significado de lo que se enseña bajo la forma de una parábola… 

En un tiempo lejano había un viejo monje que, a través de la práctica concienzuda, había alcanzado un cierto grado de discernimiento espiritual.

Tenía un joven novicio de unos ocho años de edad. Un dia el monje miro a la cara del niño y ahí vio que iba a morir en los próximos meses. Entristecido por esto, le dijo al niño que se tomase unas largas vacaciones y fuese a visitar a sus padres. “Tomate tu tiempo”, dijo el monje. “No tengas prisa en volver.” Porque sentía que el niño debía estar con su familia cuando muriera. Tres meses más tarde después ante su asombro, el monje vio al niño volviendo montaña arriba. Cuando llego le miro intensamente a la cara y vio que el niño ahora viviría hasta una avanzada edad madura. ”Cuéntame todo lo que paso mientras vivistes fuera” dijo el monje. Así que el niño empezó a contarle sobre su viaje fuera de la montaña. Le conto sobre pueblos y ciudades por las que había pasado, sobre ríos vadeados y montañas trepadas. Después contó como un dia llego hasta un arroyo desbordándose. Se dio cuenta, mientras intentaba pasar con cuidado a través del arroyo que fluía, que una colonia de hormigas había quedado atrapada en una pequeña isla formada por el arroyo que se desbordaba. Movido por la compasión por estas pobres criaturas, cogió una rama de un árbol y la puso atravesando una corriente del arroyo hasta tocar la islita. A medida que las hormigas conseguían atravesar, el  niño sujetaba la rama firmemente, hasta que estuvo seguro de que todas las hormigas habían escapado a tierra firme. Entonces continuó  su camino. “Con que esa es razón por la que los dioses han alargado sus días “pensó el viejo monje para sí mismo.

Los actos compasivos pueden cambiar tu destino. A la inversa, los actos depravados pueden incidir en tu destino desfavorablemente.


 

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