martes, 15 de abril de 2014

SEMANA SANTA, FIESTA MACABRA DE LA IGLESIA

COSAS DE GELY



¿Semana santa o semana macabra?

OTRA FIESTA MACABRA DE LA IGLESIA


Estamos en semana santa y como de costumbre empieza el macabro e insólito espectáculo propiciado por la "Santa Madre Iglesia Católica"

Cristo nos enseñó que Santo sólo es Dios, y que nadie ni nada fuera de Él, el Santo, puede llamarse así. No es, pues, legítimo llamar “santo padre”, a un Papa, ni “santa misa” a un rito, ni santos son los hombres o mujeres que dice la Iglesia ni tampoco una semana del calendario católico. Especialmente esta semana que se apellida santa se aleja mucho del sentido que se le quiere dar. Justo representa lo contrario.


Para un cristiano, lo mismo que para cualquier persona de buena voluntad que piense con un mínimo de espíritu crítico, resulta asombroso el espectáculo cirquense de las festividades turístico eclesiásticas, pero destaca entre todas esta llamada “semana santa” con su cortejo inacabable de imágenes sangrientas y dolorosas imitación de las procesiones paganas romanas, que como otros ritos igualmente paganos que la Iglesia incorporó hasta hacer irreconocible al verdadero cristianismo.


Autoflagelaciones, penitencias dolorosas, fetichismo, y hasta expresiones obscenas dichas al paso de la imagen fetiche como supuesto requiebro fervoroso se mezclan estos días con el sabor de las vacaciones, la buena mesa y el buen vino, el “paquete turístico todo incluido”, el día en la playa si hace bueno, y el no comer carne el viernes santo, por obediencia a la Iglesia, pero no por respeto a los animales, especialmente presentes estos días en los banquetes familiares o en las plazas de toros. Para ellos, los animales, las grandes celebraciones católicas se marcan con su sangre, e igual que la tortura de Jesús es convertida en espectáculo.

La obsesión por la muerte y su afición a propagarla es un hecho en la historia de la Iglesia, cuyos templos se muestran llenos de detalles belicistas y de infinitas cruces con el Cristo clavado y agonizante. Así se quiere hacer olvidar la resurrección, idea central del cristianismo y la redención. Se minimiza o se oculta el sentido de la venida de Cristo en el carpintero de Nazaret y lo que sucedió en el momento de su asesinato en la cruz. Pues no vino al mundo para ser inmolado, sino para ayudar a despertar a la humanidad dormida como está hoy mismo mostrando el camino de la liberación espiritual: el cumplimiento de los Diez Mandamientos y del Sermón de la Montaña, Esta es la enseñanza central del cristianismo que la Iglesia católica no asume, porque le es más cómodo aferrarse a los valores del ego humano y montar rituales y folclore pagano disfrazado de religión, burlándose de Jesús al que se quiere presentar vencido.

Todas las enseñanzas que Cristo predicó a sus apóstoles han sido silenciadas o despreciadas por la Iglesia, difundiendo en su lugar rituales como la misa, la “semana santa”, y otros con la idea central no de la resurrección, simbolizada por la cruz desnuda de la que tan poco gusta, sino de la muerte y el aniquilamiento físico de los Cristos sangrantes y muertos en la cruz simbolizando y celebrando una supuesta victoria de Sus enemigos sobre el Hijo del Hombre. Qué mas quisieran.

 
Potenciando el sentimiento de culpa, manteniendo la falsa idea de un Infierno eterno como castigo de Dios, al que se le niega su bondad y misericordia, no es de extrañar ver a tantas gentes asustadas y penitentes. A esta angustia se une la desinformación eclesiástica sobre el Más Allá, o la enseñanza de la reencarnación que Jesús enseñó y hasta padres de la iglesia como el Obispo Orígenes predicaron hasta que fueron perseguidos por ello.

Enormes despropósitos, grandes lagunas de información, tremendas contradicciones, calculadas, y temerosa sumisión del creyente a una jerarquía autocrática, todo ello se traduce en sentimiento trágico de una existencia en la que el consuelo adopta dos direcciones: la exaltación de la materia y la buena vida, y el temor a un posible castigo por esos excesos, en una suerte de vaivén. De ahí los remordimientos posteriores y autocastigos físicos que esta religión llega a provocar bajo el disfraz de cristiana al que ya va siendo hora que renuncie. Si quiere que se llame católica, pero la máscara de cristiana, a la que no quiere renunciar poco a poco se le cae a pedazos entre pedófilos, apoyos a fascismos, justificación de la guerra, apego a las riquezas y muchas otras cosas. Cada día está más próximo el día en que la gente dejará de acudir a estas celebraciones. De momento, los seminarios y conventos se van quedando vacíos. El declive ha comenzado.


Y con esto y un bizcocho hasta mañana a las ocho ¡jeje!



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