jueves, 31 de julio de 2014

BENARES (VENARESI) LA CIUDAD SAGRADA DE GANGES

COSAS DE GELY

.Existe un lugar en India al que todos los fervientes devotos del hinduismo en sus múltiples manifestaciones acuden a celebrar el ocaso de su vida. Se llama Benarés (en sánscrito, Varanasi) y se encuentra en la confluencia de los ríos Varuna y Asi, a orillas del sagrado Ganges.
Allí, cientos de sadhus (sacerdotes o santones hindús), enfermos y ancianos que se encuentran en el último tramo de su existencia peregrinan hacia la misma dirección, para realizar sus ultimas plegarias y abluciones en las aguas sagradas de la Madre Ganga, entre vacas, búfalos, perros, cabras, monos, pescadores, mujeres haciendo la colada y niños que ríen y juegan alegremente mientras se bañan en el río, aparentemente ajenos a todo lo que sucede a su alrededor. Varanasi es la ciudad más antigua de India y presume de ser una de las más ancestrales del mundo. Se ha llegado a especular incluso diciendo que de las aguas del Ganges a su paso por la ciudad, con uno de los mayores índices de contaminación por metro cúbico y no apta en absoluto para el baño, podría surgir una de las teorías del origen de las vacas locas. Y es que al otro lado del agua, un fondo totalmente opaco se encuentra poblado por los cientos de cadáveres que diariamente se arrojan al río desde los crematorios de la ciudad.


Varanasi es una ciudad mágica durante la noche, cuando cientos de pequeñas ofrendas en forma de velas flotantes con flores de loto a su alrededor se deslizan suavemente y se dejan arrastrar por la corriente del sagrado Ganges, mientras los sacerdotes celebran sus rituales en honor a Shiva, el dios de la destrucción al que hace honor toda la ciudad, al son de cánticos sagrados y ofrendas místicas de fuego. De día, el panorama se vuelve sobrecogedor, cuando la luz del espectacular amanecer sobre el Ganges desvela la función real de las hogueras y las transforma en auténticas piras funerarias al aire libre, donde todavía pueden apreciarse los restos de los cadáveres que continúan quemándose entre las brasas desde la noche anterior.

Ninguna ciudad del mundo convive diariamente con la muerte tan de cerca.



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