sábado, 27 de febrero de 2010

RELACIONES DEL MISMO SEXO EN LA BIBLIA

COSAS DE GELY

Relaciones del mismo sexo en la Biblia

La Biblia suministra modelos a las lesbianas y los gays al narrar dos historias de parejas del mismo sexo que, en mutuo compromiso de amor, enfrentan y superan duras circunstancias.

Rut y Noemí

El libro de Rut es una historia de amor, pero no entre Rut y Boaz. En tanto que Noemí es la protagonista y Rut la heroína redentora, la relación entre Rut y Boaz, lejos de ser amorosa, es más bien un asunto de preservación de la descendencia y la tierra de la familia. Pero el relato contiene la más conmovedora promesa de fidelidad personal de toda la Biblia: "Rut le contestó: '¡No me pidas que te deje y que me separe de ti! Iré a donde tú vayas, y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios.'" (Rut 1:16)
Aunque esta promesa se utiliza en las ceremonias matrimoniales entre un varón y una mujer, ¡es promesa entre dos mujeres! Rut le hizo esta declaración a Noemí, su suegra, cuando su esposo perdió la vida en el campo de batalla. Rut se casa luego con Boaz, un pariente cercano de ella, y rescata el lugar de Noemí dentro de su propia familia, e incluso teniendo un hijo para Noemí. ¿Sostenían Noemí y Rut una relación lesbiana? No podremos nunca saberlo, pero sí es claro que las dos mujeres mantenían una relación apasionada y de entrega, elogiada por las Sagradas Escrituras, que les duró toda la vida.
Unidos en un pacto de amor.…David y Jonatán

Otro relato bíblico, el de David y Jonatán, ocurre en la época en que la relación varonil entre guerrero y amante era común y, además, noble. El triángulo trágico de pasión, celos e intrigas políticas entre Saúl, Jonatán y David, es una franca expresión de amor entre personas del mismo sexo: La muerte en combate de Jonatán fue un golpe durísimo para David, el bíblico Rey de Israel: “Cómo sufro por ti Jonatán, dijo David, tu amor fue para mí más delicioso que el amor de las mujeres”. (2 Sam.1.26).
Si cualquier varón dice esa frase de otro varón, aún en este cada vez más tolerante siglo XXI, los oyentes no tendrían ninguna duda de la preferencia afectiva y sexual de quien la dice. Pero David, el bíblico rey de Israel, se atrevió a decirla en la ultra-homofóbica sociedad israelita del siglo XI antes de Cristo. Y no solo a decirla, sino a que quedara constancia de ello en un cántico fúnebre, de su propia inspiración, que debía ser aprendido por sus súbditos (2 Sam 1. 17-18).
David era un Rey amado y respetado por su valentía; problema de sus allegados sería darle a sus frases una interpretación “aceptable”. La Iglesia Católica actualmente, más de treinta siglos después, se empeña en no querer admitir la homosexualidad de David, por eso en sus traducciones bíblicas, buscan suavizar el texto de una u otra manera. Pero, aún así, la frase continúa siendo suficientemente “escandalosa”.
El problema para todos ellos es que no se trata simplemente de una frase aislada. Sino que, por el contrario, es el resultado de una larga e intensa trayectoria. Y, además, decisiva en la historia de Israel. Jonatán era el hijo mayor del rey y, en esa medida, tenía el derecho a la sucesión en el trono. Pero su amor por David fue tal que, salvando la vida de éste, le cedió en términos prácticos su derecho. De Jonatán puede decirse que ni el poder del trono ni la riqueza del reinado fueron más grandes que su amor por David.

No hay comentarios:

Publicar un comentario